lunes, 8 de abril de 2013

La crisis económica desde la crisis ecológica
El ser humano presume de ser un ser superior e inteligente, pero en la manera de utilizar los recursos no muestra ser más inteligente que un microbio. En un caldo de cultivo bacteriano inoculado en un tubo de ensayo, las bacterias consumen y se reproducen alarmantemente rápido hasta que llegan a un estado de escasez de recursos, en los que el crecimiento se ralentiza hasta que se paraliza, y, dado que finalmente los recursos se agotan, les sobreviene la muerte, aunque no es una muerte verdadera pues muchas de ellas son capaces de encapsularse en forma de esporas de resistencia, forma en la cual son capaces de permanecer años a la espera de condiciones favorables.



Curva de crecimiento microbiano

Por comparación, podríamos decir que la humanidad está llegando a la etapa de escasez de recursos, lo cual se evidencia con la crisis mundial por la que estamos pasando. Pero a diferencia de lo que ocurre en el tubo de ensayo con las bacterias, éstas pueden resistir a la escasez en forma de esporas de resistencia; no son tan tontas como parecía al principio, han agotado pronto los recursos sin preocuparse de lo que se les avecinaba, pero tenían una solución. Queda ver qué haríamos los humanos, si seguir la misma pauta que nos impone el sistema imperante hasta caer en la curva de decaimiento y muerte, pues por ahora no somos capaces de formar esporas de resistencia como las bacterias; o considerar las enseñanzas de olvidadas tradiciones respetuosas con la naturaleza, que al fin y al cabo no son otras que las que enseña la misma naturaleza y de la que aprenden el resto de animales ayudados a su vez de sus instintos. Ahí se pondría a prueba nuestra inteligencia como especie.
Y es que miles de sustancias químicas sintéticas han sido y son permitidas y utilizadas sin saber cuáles son sus defectos sobre la salud y el medio ambiente. Posteriormente, cuando sus consecuencias ya no se pueden ocultar, algunas de ellas son prohibidas, se restringe su uso o se trasladan a otros países.
La lógica del sistema imperante se basa en deshacerse de los residuos tóxicos y de los residuos industriales enviándolos a zonas y países pobres, primordialmente por motivos puramente económicos y sociales, pues en los países desarrollados la población no los quiere en sus cercanías, convirtiéndose el problema del emplazamiento de los residuos en problema político y electoral. Además de las dificultades económicas que supone su procesado, es más barato usar de vertederos a otros países que están menos polucionados. Aquí es sistema intenta ser equitativo, pues aduce que aún pueden asumir mucha contaminación y sustancias tóxicas, y que, según los niveles admitidos, son seguros, cuando en realidad son de consecuencias desconocidas o demostrablemente mortales. Por tanto, la humanidad hace de conejillo de indias de un inmenso laboratorio. Estos tóxicos aumentan la tasa de mortalidad por cáncer, pero al ser tan baja la media de edad en estos países no desarrollados, el porcentaje de estas muertes no llegará al de los países ricos. La gente allí morirá por otras causas antes de desarrollar cáncer; por ejemplo hay países africanos en los que conflictos internos, provocados a la vez por los países desarrollados que explotan sus recursos, han llevado a sus habitantes a habitar zonas poco fértiles, ocasionando ello hambruna y como consecuencia debilidad, enfermedad y muerte.
Así, los habitantes de los países desfavorecidos se convierten en víctimas directas del sistema consumista. Sus países se convierten en basureros, vertederos de residuos nucleares e industriales. Es más, para seguir compitiendo las industrias contaminantes trasladan sus fábricas a países donde sus leyes no las consideran dañinas medioambientalmente. Fábricas altamente contaminantes, como las de aluminio se trasladan a estos países; pues de otra forma, si hubiera que adaptar o adoptar medidas para no contaminar en los países más restrictivos legislativamente, su producto no sería competitivo.
Asimismo, los monocultivos de plantas devastadoras de la tierra y consumidoras de enormes cantidades de agua y contaminantes como los pesticidas y fertilizantes artificiales, ya no se implantan en los países desarrollados, sino en los desprotegidos, destruyendo sus zonas agrícolas por el uso masivo de estos agentes que acaban arruinando la fertilidad de la tierra, contaminando el aire, enfermando a los trabajadores y, en general, a la población cercana a esas zonas. Es por ello que la tasa de enfermos por cáncer y por contaminación asciende exponencialmente en estos países. A través de la leche materna, contaminantes procedentes de los alimentos y medio ambiente, son transmitidos a los hijos, que muchas veces acaban muriendo.
El agua, la tierra, el aire, la vida no puede confiarse a los intereses causantes en buena medida de los actuales problemas, pues éstos se basan en la sobrexplotación, en los beneficios, en el consumo, y precisamente la actual situación de deterioro es causa directa de esta descontrolada dinámica.
La única solución en este caso es suprimir la producción, el uso y el vertido de estas sustancias químicas, preservando el medio ambiente y la salud de todos los seres de sus nocivos efectos. Como prioridad está la eliminación de todas aquéllas que son tóxicas, persistentes en el medio ambiente y bioacumulativas.
Es momento de reflexionar pues estamos llegando a una situación de emergencia, por no decir que ya lo estamos. Es urgente proteger la naturaleza y la vida, para lo cual es fundamental la suspensión de emisión de gases que destruyen la capa de ozono e incrementan el efecto invernadero; es fundamental el cuidado de las aguas en general y la protección de la biodiversidad. Los gobiernos y administraciones locales incumplen y no hacen cumplir a empresas y ciudadanos, las leyes sobre protección ambiental que ellos mismos dictan bajo presión popular. Las leyes deben fundamentarse en el compromiso personal y en el empuje social sobre los medios políticos para que éstos, a su vez, se comprometan y gestionen políticas y acciones ecológicas internacionales y locales.
Hay dos vías: afrontar con decisión el momento actual con cambios progresivos y efectivos, o seguir dañando a la naturaleza, a la madre de todos nosotros, lo que supondría vernos obligados en breve a adoptar medidas más drásticas de emergencia, más drásticas que la crisis por la que atravesamos desde hace varios años. Mientras sigamos en esta situación no acabará la crisis económica; la crisis ecológica ha llevado a la crisis económica y ésta nos golpea más directamente a la cara, ésta nos duele directamente y esperamos que, viéndolo por el lado bueno, esté llevando a mucha gente a despertar de verdad.
Salir de la crisis económica es cuestión de salir de la crisis ecológica, restablecer los ecosistemas es cuestión de justicia con la naturaleza y de esperanza en el futuro para la humanidad.

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